
Para transformar el país se requiere adoptar medidas radicales que permitan transformar nuestra sociedad. Se deben tomar decisiones que seguramente van a molestar a la clase económica más fuerte del país, a los mercantilistas de siempre, a los explotadores de la mano de obra barata, a los que comercian con la pobreza de Guatemala. Sin embargo, aunque se molesten los ricos de Guatemala, se necesita tomar esas medidas, se necesita estar dispuesto a nadar contra corriente.
Pongamos un caso típico: la educación en Guatemala. Se dice que está logrando avances. Dotar a unas cuantas escuelas de computadoras y pintar las escuelas cada año, maquillando la pobreza y la precaria infraestructura escolar, no es un avance significativo. El hecho de que la Ingeniera Aceña, y su equipo haya orientado parte de la educación a introducir la tecnología en el aula, (en pocas aulas por cierto) era un camino inevitable dentro de este mundo globalizado. Comparemos: ¿cuántas escuelas cuentan actualmente con computadoras y personal capacitado? y ¿cuántos niños dejaron de estudiar o ni siquiera ingresaron a la escuela, en primer grado por ejemplo? Según la propia Aceña más de 100 mil niños y niñas se quedaron sin ingresar a la escuela en el 2007 y en un anuncio publicitario donde ella misma hablaba insinuaba que los padres de familia tenían la culpa por no mandarlos a la escuela. Como si fuera cosa de los padres y no de la falta de empleo, poca infraesctura vial, ausencia de escuelas en comunidades donde todavía no hay agua potable, luz eléctrica, y servicios básicos en general. Se ve que las autoridades educativas salientes no conocieron nunca el verdadero rostro de Guatemala.
Y muchos niños y niñas que son atendidos, en un país como Guatemala multiétnico y plurilingüe, deben aprender en un idioma que no es el suyo: el español. Cuando ya fue suficientemente divulgado y probado que aquella persona que aprende en su idioma materno (Quiché por ejemplo) aprenderá con mayor facilidad. El problema es que no hay suficientes maestros que puedan enseñar en su idioma materno, un gran porcentaje de maestros habla algún idioma indígena, sin embargo, no lo lee ni lo escribe. Pues entonces hay que capacitarlos y aquí viene el punto central de esta nota: se debe invertir más en capacitación y profesionalización para los maestros, pero debe hacerse para dotarlos de herramientas que les permitan enseñar con pertinencia lingüística a los niños y niñas indígenas del país. Para esto se necesita que la inversión, en lugar de un 15 % que se destina para la educación bilingüe se eleve a un 70 a 80%. Y aquí no importa conque presupuesto se cuenta, aunque para el próximo año se prevé que se incrementará el presupuesto en educación, pero este debe dirigirse más a la educación bilingüe.
Se trata pues de que el próximo gobierno y el próximo Ministro o Ministra de educación así lo haga. Es decir que invierta más en educación bilingüe que es lo que necesita actualmente el país. ¿Tendrá el valor suficiente para hacerlo el próximo titular de educación o se plegará a este sistema errado que no permite el despegue de nuestro país hacia un futuro mejor con educación apropiada para sus habitantes?
Se atreverá el próximo gobierno, es decir el próximo ministro o ministra de educación a crear más escuelas donde hace falta: hablamos de los departamentos prioritarios por ordenes de pobreza, falta de acceso a los servicios básicos, etc., tales como Alta Verapas, Huehuetenango, San Marcos, Quiché, Totonicapán...